Reflexión sobre el profesional del futuro

Por Gustavo Alexis Márquez Villa

En el complejo y apasionante mundo del mercadeo, la publicidad juega un papel primordial a la hora de llevar a feliz término cualquier actividad vinculada con la sociedad de consumo.

El diccionario de la Real Academia Española define el término mercadeo como el: “Conjunto de operaciones por las que ha de pasar una mercancía desde el productor al consumidor.” Y para que esto sea efectivo, la publicidad es el vehículo que nos puede asegurar el éxito en las ventas.

Los profesionales de la publicidad son expertos en persuasión, modificadores de conducta, fabricantes de nuevos hábitos de consumo; incluso y en cierto sentido, son constructores de una nueva sociedad.

Su responsabilidad es enorme, siempre y cuando la disciplina comunicacional de los mensajes dirigidos a los grupos meta, los consumidores, sea manejada de manera responsable y basada en valores y principios apegados a la moral.

Sin embargo, vemos con preocupación que la formación de nuevos profesionales en áreas vitales para la sociedad como el mercadeo y la publicidad, así como en otras disciplinas, dista de ser una cantera de futuros profesionales de éxito.

Nos atrevemos a aseverar que —de un tiempo a esta parte— la formación de recursos humanos, la docencia, así como el interés de los estudiantes por formarse ha venido disminuyendo en calidad, interés y competencia de manera significativa.

En efecto, podemos evidenciar, en el caso específico de la publicidad, como la calidad de las cuñas, la creatividad y el uso del lenguaje, han diminuido dramáticamente, para dar paso a copias o adaptaciones de trabajos publicitarios hechos fuera de nuestras fronteras.

Habrá quienes justifiquen las desmejoras por factores coyunturales como la crisis financiera, o la exigencia de los anunciantes de reducir costos. Pero, en todo caso, no se aprecia un interés por trabajar los mensajes publicitarios de manera adecuada, desde el punto de vista de la responsabilidad social.

Y es una verdadera lástima que las agencias de publicidad —con sus contadas excepciones— no hayan entendido el extraordinario potencial que tienen en sus manos para generar cambios positivos en el entorno social, en los hábitos de consumo de una audiencia que debería ser orientada de manera adecuada, con campañas publicitarias donde el ingrediente ganar-ganar fuese una constante.

Por otra parte, resulta evidente la falta de motivación en la juventud que se está formando como futuros profesionales. Pareciera ser un lugar común de los tiempos actuales la apatía, la cual es considerada una patología. Incluso, los estudiosos la consideran contagiosa entre miembros de una familia, o entre estudiantes y profesores.

Los estudiantes se conforman con dar el mínimo, con pasar las materias en vez de aprender, con mantener viva aquella terrible premisa de que “diez es nota y lo demás es lujo”. Por supuesto, a pesar de ser una situación generalizada, hay excepciones.

Todos estos factores nos deben llamar a la reflexión, sobre todo a las instituciones educativas, sobre la necesidad de ir mucho más allá de impartir conocimientos teóricos y técnicos, o de cumplir con los programas de asignaturas.

Se hace necesario fomentar una conciencia ciudadana temprana en las aulas de clase, donde haya cabida para la formación en responsabilidad social, valores y principios, circunscritos hasta ahora al hogar.

Quienes tenemos la responsabilidad de formar a los ciudadanos del mañana debemos preguntarnos si lo que estamos haciendo desde nuestra condición de formadores, educadores, maestros u orientadores, va a permitir que en el futuro podamos contar con profesionales competentes, como los expertos en persuasión, los que estimulen la creación de nuevos y mejores hábitos de consumo, o sencillamente, los ciudadanos comprometidos con los cambios que la sociedad impone y necesita para crecer y avanzar; no para mantenerse estancada.

Innova / 01/07/2010.